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7 nov. 2014

Manejo del concepto de la Muerte en el ámbito familiar.

Manejo del concepto de la Muerte en el ámbito familiar.





Con la idea de aprender a ver la muerte como algo natural, les compartimos fragmentos del trabajo de
 Ana Sylvia Flores Carballo, diplomada en Tanatología.

“Aprende a morir y aprenderás a vivir”.

En este trabajo he tratado de exponer a mi manera, el cúmulo de sufrimientos, de dolor y de incertidumbre que sentimos las personas que hemos vivido la Muerte de un ser querido.



Como sabemos, uno de los principales problemas que provoca la falta de preparación para enfrentar la Muerte ya sea en adultos como en niños, es la negación de la familia para hablar del tema, además de la nula ayuda que en este aspecto existe a nivel escolar.

En la mayoría de las familias no se habla sobre la Muerte de sus miembros, por lo general las personas piensan que hablar de ella es como invocarla y lo ven también como signo de mala suerte o comentario de mal gusto, como si se tratara de ofender a las personas mayores o a los enfermos.

Refiere Kübler Ross en “Una Luz que se Apaga” que debemos desarrollar el aspecto intuitivo y espiritual de los humanos (voz interna) que es lo que nos da el conocimiento y la paz, y además nos irradia la dirección a tomar ante los vendavales de la Vida, no separados, sino unidos por el amor y la comprensión.
Se evita también hablar de este tema con o delante de los niños, porque se piensa que no están preparados para saber nada sobre la Muerte, sin embargo, quienes realmente no lo están son los adultos, ya que si lo estuvieran tendrían conciencia de la necesidad de que todos los individuos de la edad que sea debemos aprender que la Muerte es lo más natural y trascendental que en la Vida puede acontecer.
Hay millones de niños que saben más de la Muerte que los adultos.

Para tratar de soslayar esta falta de información, es necesario que los adultos al estar conscientes de ello, adquieran conocimientos básicos de Tanatología a fin de estar preparados en este campo tan importante en el transcurso de la Vida, ya que a todos nos atañe el conocimiento de la Muerte.

Para esto existe además de la Asociación Mexicana de Tanatología, multitud de libros de especialistas en el tema, que lo tratan profesionalmente, lo que puede ayudar para saber cómo debemos vivir nosotros y enseñar a nuestros niños a vivir la Vida y a vivir la Muerte.

Esto nos permitirá poder situarla en su justo espacio, aprendiendo a incluirla en nuestra Vida cotidiana, y a referirnos a ella como lo que es, algo que existe, junto o cerca de nosotros y que en cualquier momento puede llegar.
A los niños por ejemplo según su edad se les debe hablar abiertamente sobre lo que es la Muerte, nunca mentirles o inventarles cuentos.

Sabemos que los niños por pequeños que sean la intuyen, puesto que la ven en el cine, en la televisión, o en su vida diaria al morir una mascota, un perrito, un pajarito o cualquier animal casero, entonces cuando sucede una Muerte cercana, hay que proporcionarles la información correcta y completa a fin de no crearles confusión en el concepto que tienen, y que depende de la edad, del ambiente y de las experiencias que hayan vivido.

No hay que bloquear a los niños los dolores de la Muerte.

“La Muerte es más fácil para quienes se han ocupado de ella durante la Vida”.

Reyes Zubiría nos dice que el nacimiento es la primera y más dramática pérdida que una persona experimenta al sufrir la expulsión del útero materno, sin embargo inmediatamente es abrazado con amor y se le cuida y alimenta, lo que la convierte en una pérdida temporal reparada de inmediato.

Más adelante vive diversas pérdidas pequeñas, como cuando los padres se alejan temporalmente. Estas pequeñas Muertes que son separaciones dolorosas y a veces pérdidas irreversibles van formando su propio concepto de pérdida.

Las pequeñas Muertes las sufre todo ser humano porque son pruebas de la Vida cotidiana; forman un historial personal y único de pérdidas que se va creando desde muy corta edad.

Esto hace que hasta los cinco años el niño no capte que la Muerte es una pérdida irreversible, a partir de esta edad y dependiendo de cómo los adultos le enseñen a ver la Muerte establecerá su Vida futura, sus temores hacia ella y sobre todo su aceptación.

Refiere también que está demostrado que niños de año y medio de edad que están muriendo lo saben y que entienden que morir es un proceso final e irreversible. Estadísticamente se sabe que el 50% de los niños de 5 años tienen la certeza de que algún día van a morir.

Entonces lo que nos queda muy claro es que debemos, como ya se mencionó, darles toda la información verídica y necesaria en el momento preciso, ya sea cuando la cuestionen o cuando alguien cercano muera, porque tratando de protegerlos evitándoles un dolor, podemos dañarlos mucho más. El dolor debe encararse, reconocerlo, sufrirlo, no evitarlo.

Además debemos permitirles expresar sus sentimientos al respecto, dejarlos llorar gritar o maldecir si es necesario.

Una parte muy importante en la preparación del niño cuando vive una Muerte cercana es, según sea el caso, permitirle participar ya sea primero en acompañar o ayudar al moribundo y cuando ha fallecido, incluirlo en todos los rituales a los que quiera integrarse, como puede ser un velorio, un entierro, etc, de acuerdo a su edad y a las circunstancias que prevalezcan en el momento, de manera que la experiencia no lo dañe sino lo enriquezca.

Otro tema muy difícil de tratar para los familiares son los casos en que el enfermo terminal es un niño, porque un niño significa Vida, es un inicio pleno de esperanzas y de promesas.


La pérdida de un hijo es el trastorno emocional más profundo que puede sufrir persona alguna. Cuando la Muerte es súbita e inesperada se puede llegar a perder la razón o hasta la propia Vida; y cuando el deceso sucede después de una enfermedad larga la sacudida emocional es más prolongada y destructora. Es imposible describir con palabras lo que un padre sufre con la Muerte de un hijo.

No sabemos cuán diferente son los niños de los adultos cuando se encaran con la enfermedad final. ¿Tienen conciencia de su inminente Muerte, aunque no se les haya dicho? ¿Cuál es el concepto de Muerte a diferentes edades, y la naturaleza de su irremediable destino? ¿Cómo podemos ayudarles a ellos y a sus familiares durante ese período de despedida final?

En estos casos lo mejor es buscar la ayuda de un Tanatólogo que nos prepare para enfrentarlo. Un niño en fase terminal nunca debe de estar solo, debe permanecer junto a alguien en quien confíe, que sepa escucharlo, ya que sabe claramente que se está muriendo; por lo tanto hay que darle toda la información que requiera sobre su enfermedad y su Muerte, y permitirle que exprese su enojo, sus dudas, sus necesidades y sobretodo nunca quitarle la Esperanza.

No se le debe ocultar la tristeza que la familia está sufriendo sino compartirla, el niño enfermo lo entiende y lo agradece.

La familia debe seguir su Vida lo más normal que sea posible; en el caso de que el niño enfermo tenga hermanos, debemos asignarles tareas para que colaboren en sus cuidados, esto prepara a ambos para el momento final; además atendiendo sus necesidades evitamos que se sientan desplazados por el enfermo. La normalidad en la vida cotidiana ayuda a que el niño no se sienta culpable del sufrimiento familiar.

Los niños que están por morir son compensados por Dios con una conciencia muy grande, se hacen más fuertes en sabiduría interna y en conocimiento intuitivo.

Cuando vemos toda esta problemática que se presenta en la Vida diaria, nos damos cuenta lo necesario que es que a nivel escolar, desde que los niños son pequeños, sea incluido en su educación un elemental conocimiento acerca de cómo vivir la Vida (valores) y cómo vivir la Muerte (espiritualidad), de acuerdo a las creencias religiosas de cada familia.

Sería necesario llegar hasta las altas autoridades educativas a fin de que se aceptara el incluir este tema dentro de los programas escolares vigentes en todos los niveles de educación, pero lamentablemente no está en mí el poder lograrlo, por lo que sólo expreso lo que pienso, sería de gran ayuda en nuestra preparación, desde un punto de vista más completo e integral, así como un día se consiguió, se incluyera la educación sexual a nivel escolar; espero que muy pronto alguien logre lo que permitiría al individuo vivir plenamente desde la infancia, para saber morir dignamente.

Reyes Zubiría expresa lo siguiente en cuanto a la Muerte en la vejez: “la vejez no es cuestión de calendario”.


Sucede que aunque el viejo sabe que su Muerte se aproxima trata generalmente de hacer todo lo posible por curarse para seguir viviendo. Se dice que la gente muere como ha vivido.

Por lo anterior es importante que si la persona no está seriamente enferma se aprenda a escucharla, a ofrecerle compañía y sobre todo a hacerla sentir partícipe de la familia en que vive, a proporcionarle cariño; como dice Reyes Zubiría: “recordemos que las arrugas no son contagiosas”; por lo tanto debemos acariciar frecuentemente a los ancianos para hacerlos sentir queridos.

El viejo empieza el proceso de morir cuando sólo se fija en sus pérdidas. Hay que lograr que encuentre una esperanza emocional y espiritual.

El anciano como los moribundos de todas las edades, tiene derecho a ser ayudado para que este último y trascendental acto de su Vida lo viva con plena aceptación, con total dignidad y lleno de paz interior.

No por ser ancianos todos ansían la Muerte, más bien la desean cuando llegan a sentirse inútiles y solos o fuera de lugar en el ámbito que los rodea.

Otro tema que generalmente no se toca es el de los bienes materiales que existen en la familia, cuando es un asunto por demás importante, pero no contamos con una cultura sobre la Muerte y tampoco con una cultura del testamento, lo que provoca que en muchos casos las personas mueran intestadas, causando además de todos los problemas emocionales inherentes, multitud de trámites y gastos que no se presentarían si en el momento debido se hubiera testado adecuadamente.

Ahora bien, si es importante dejar establecidos nuestros deseos sobre el destino de nuestros bienes materiales, cuánto más lo es dejar instrucciones sobre cómo queremos morir, cuando nuestra Muerte sea inminente o bien intempestiva; y para esto contamos ya con la Nueva Ley de Voluntades Anticipadas, por medio de la cual podemos expresar nuestra voluntad sobre cómo queremos ser tratados en el momento de morir, así como sobre si queremos o no efectuar la donación de nuestros órganos en caso de que pudieran reutilizarse en otras personas.

Me parece que todo esto aunque algunas personas lo saben, cuando no se han vivido pérdidas cercanas o nunca se ha estado en el caso de vivir experiencias de Vida y Muerte, no le dan la importancia que debían a efecto de dejar la mayor parte de los problemas resueltos.
(Ana Sylvia Flores Carballo, diplomada en Tanatología)

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