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6 oct. 2016

Preocuparte demasiado puede ser mortal

Uno, dos, tres… por la adultez
Antonio Alonzo Ruiz (*)
“Érase una vez un viejo lobo de mar que vivía feliz en un bello puerto de nuestras costas yucatecas. Interpretaba —casi— a la perfección los signos de los tiempos. Sabía el significado de los colores del cielo, las formas de las nubes, la dirección e intensidad del viento; sabía que cuando el peje —como le llamaba a los peces— dejaba de comer, era inminente la llegada de un mal tiempo.
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